Entrevista a Esther Vivas, activista y autora de diversos libros sobre movimientos sociales y alimentarios alternativos, para APRONAD ONG Costa Rica.
Por Pablo Fernandez.
“A este ritmo…el mundo no podrá alimentarse ni a si mismo”.
¿Quién es Esther Vivas? para ti si tuvieras que auto presentarte…
Me considero activista social, anticapitalista, feminista, ecologista e internacionalista.
¿Qué significa en tu diccionario la palabra activista? ¿Con que ONGs/asociaciones colaboras?
Ser activista implica movilizarse y luchar para cambiar las cosas desde la base. Sólo desde la movilización social y la protesta en la calle, así como a partir de la construcción de alternativas políticas, conseguiremos cambiar la correlación de fuerzas entre capital y trabajo y transformar la sociedad.
He participado en diferentes movimientos sociales en Barcelona: campañas antiglobalización, contra la deuda externa, antiguerra, a favor de la soberanía alimentaria y el consumo crítico, contra el cambio climático, el Fòrum Social Català, entre otras. Soy militante de Izquierda Anticapitalista en el Estado español y de su organización hermana en Catalunya, Revolta Global-Esquerra Anticapitalista.
¿Qué te impulsó a involucrarte en tantos temas sociales y ambientales?
La injusticia y las desigualdades sociales. No podemos quedarnos callados, inmóviles, frente a lo que está sucediendo. La principal victoria del capitalismo es la conquista de nuestro imaginario colectivo. Hacernos creer que no hay alternativas. Esto es completamente falso. Hay que desmontar este mito.
Ser autora de numerosos libros te convierte en un referente de cambio ¿Cómo lo manejas políticamente?
No me considero un referente, sino una persona que se moviliza frente aquellas situaciones que considera injustas, con una perspectiva social y política de cambio. Afortunadamente, hay muchas personas así. ¡Aunque tendríamos que ser todavía muchas más!
De acuerdo a tu opinión ¿Cuál es el verdadero riesgo al que nos enfrentamos como sociedad capitalista?
El sistema capitalista nos ha conducido a una crisis sin precedentes, de la que no puede ni quiere sacarnos. Es evidente que este sistema no puede satisfacer las necesidades básicas de gran parte de la humanidad y, no sólo esto, sino que es responsable de una crisis ecológica y medioambiental que amenaza la propia supervivencia de la especie y del planeta. El capitalismo genera desigualdad, violencia y guerra.
¿De que depende una adecuada distribución de alimentos y riqueza? ¿Qué papel juega el medio ambiente en este paradigma?
Los desequilibrios y la desigualdad alimentaria es una cuestión política. El sistema capitalista impone un modelo de producción, distribución y consumo que tiene un impacto muy negativo a nivel medio ambiental con alimentos que viajan de una punta a la otra del planeta, cuando estos mismos alimentos se producen a nivel local, generando gases de efecto invernadero y cambio climático. Se trata de un modelo fuertemente dependiente del petróleo y que acaba con la agrodiversidad, bosques vírgenes y tierras fértiles. En lo social provoca el abandono del campo, la precariedad laboral, enfermedades vinculadas a los modelos de producción, fruto de los pesticidas y químicos utilizados. Es un modelo generador de hambre. Una de cada seis personas en el mundo pasan hambre, a pesar de que se producen más alimentos que nunca en la historia.
¿Cuán justo es hablar de problemas socio-ambientales desde una perspectiva primer mundista como la europea?
La crisis ecológica y climática es global, aunque no afecta del mismo modo a los países del Norte y del Sur. Pero sólo desde una perspectiva internacionalista, de creación de alianzas a escala global, conseguiremos anteponer otra lógica a un sistema capitalista mundializado.
¿Consideras que la crisis económica ayudó a despertar una conciencia social más beligerante en la sociedad española?
La crisis muestra el fracaso del sistema capitalista y ha puesto al descubierto las falacias del neoliberalismo. En este sentido lógicamente ayuda a la difusión de una conciencia anticapitalista y crítica con la sociedad actual, y refuerza la credibilidad de los movimientos alternativos y sus propuestas, aunque obviamente los valores del consumismo y el individualismo han calado hondo. Sin embargo, el malestar social acumulado y el descrédito del sistema no se ha transformado, todavía, en el Estado español en movilización social de masas. La resignación y el escepticismo sobre la posibilidad de cambiar las cosas, y el miedo, pesan mucho. La política de los dos grandes sindicatos, CCOO y UGT, con la excepción puntual de la Huelga General del 29 de septiembre de 2010, ha fomentado la desmovilización y contribuye a desorientar a buena parte de las y los trabajadores.
¿Cuál es el papel de las ONGs o activistas socio-ambientales en este contexto?
Las ONGs siempre y cuando lleven a cabo un trabajo transformador y se inserten en el seno de los movimientos sociales de base pueden ser un actor cambio y hay muchas ONGs que hacen un buen trabajo y contribuyen a dinamizar luchas sociales y favorecer la autoorganización popular. Pero algunas ONGs se adaptan al sistema, no tienen una actuación autónoma respecto a las instituciones que las financian, colaboran con grandes multinacionales en estrategias de limpieza de imagen y sirven para mitigar los impactos del propio neoliberalismo y para restar fuerza a los movimientos populares de base. Estas prácticas tienen que ser denunciadas y combatidas.
¿Cómo ves la realidad latinoamericana en cuanto a la distribución de los recursos? ¿Qué papel juegan los programas agrícolas a gran escala?
El impacto del ajuste neoliberal en América Latina en los años ochenta y noventa provocó un aumento de las desigualdades y la polarización social y la intensificación de las políticas depredadoras con el medioambiente y orientó la política económica al servicio de las multinacionales, muchas de ellas extranjeras. En estos últimos diez años hemos asistido al desgaste del modelo neoliberal y al ascenso de las luchas sociales y, en algunos países a la llegada al poder de gobiernos que parcialmente han roto con las políticas neoliberales, aunque de forma limitada y contradictoria. Acabar con las desigualdades sociales y la depredación ecológica requiere un cambio de paradigma.
La política agrícola en el continente está dominada por los intereses de la industria agroalimentaria, que ha empujado a la creciente mercantilización de la agricultura. Para garantizar el derecho a una alimentación sana y saludable a toda la población es necesario otro modelo de política agrícola y alimentaria que se base en los principios de la soberanía alimentaria.
¿Consideras que el comercio justo y la producción campesina sostenible son la solución a la crisis alimentaria mundial?
La solución a la crisis alimentaria pasa por una democratización radical de los medios de producción y por un cambio de paradigma opuesto al actual modelo agroalimentario. Semillas, agua, tierra tienen que ser accesibles a quienes trabajan y viven de la tierra. Asimismo, esta producción y distribución de alimentos tiene que cuidar de la tierra, priorizar lo local, el trabajo campesino, siendo el comercio internacional complementario al mismo. No se trata de una mistificación de lo pequeño o de lo local, sino de promover medios democráticos de producción y distribución y que la comida sea un derecho, accesible a todo el mundo, y no una mercancía.
¿Es la política una herramienta o un estigma?
La política debe ser un instrumento de cambio, pero la política dominante hoy en día es una política de gestión al servicio de los intereses privados. La política se ha convertido en una profesión, generando una casta política profesional ligada a los intereses empresariales. La democracia parlamentaria se ha vaciado cada vez más de contenido real. Necesitamos revindicar otra política, no profesionalizada, orientada a la defensa de los intereses comunes y a la transformación radical de la sociedad.
¿Cuáles son tus planes personales a futuro?
Seguir haciendo lo que hago.
Asesor Asuntos Internacionales APRONAD
Columnista Internacional: Informadorpolitico.com.ar


